“Dios es bien conocido por el niño pequeño y totalmente desconocido por el más brillante de los Teólogos”, porque Dios no puede ser definido como siempre pretendemos, al definirlo lo acotamos, lo limitamos y privamos la potencia de la gracia. El cristiano conciente de esto, es capaz de dejar de lado sus prejuicios de mundo y de Dios, y al igual que el niño, será posible para él, partir con un sentimiento de admiración y asombro ante lo numinoso.
¿Por qué Dios ya no nos impresiona?
Porque todavía no lo conocemos, porque nos falta Fe. Para el que cree, Dios deja de ser algo oculto y se hace visible en todas las cosas.
“El acto de fe es un diálogo constante con la duda”. No deja de ser cristiano el que alguna vez duda de la certeza lógica de Dios, sino el que duda severamente de su amor. Kalistos Katafigiotis dice: “La cosa más importante que pasa entre Dios y el alma humana es amar y ser amado” y más aún, cuando San Dionisio Areopagita afirma que el amor de Dios es extático y nos hace salir de nosotros mismos; no deja que quien lo ama se pertenezca, pues pertenece al bien amado”. Estas palabras todavía se “contraponen” a los deseos de nuestro mundo…
¿Cómo hemos llegado a caer en tal vacío?
En el mundo el sin sentido ha cobrado fuerza, incluso entre muchos cristianos que no saben admirarse de las obras de Dios. Pero existe una “presencia” salvífica, que muchos no perciben, y que por medio del Amor nos va Salvar: La Santísimia Trinidad. Cristo nos invita día a día a vivir en esta “presencia”. Aprendamos que la Trinidad (y la fórmula Trinitaria), que para los ortodoxos no es sólo una oración, sino una forma de vida… sea también para nosotros y para todos los cristianos, una manera de vivir en el Amor… y por el Amor, para el otro.
Es por esto que puedo reconocer que el amor verdadero no puede encerrarse en sí mismo, porque de ser así muere. Para que haya amor debe haber vida y en la vida hay movimiento, que en la Trinidad se cumple: El amor del Padre engendra al Hijo y de este amor que se hace uno procede el Espíritu Santo que es dador de vida.
Me gustaría profundizar más en los otros puntos, pero creo que por ahora estos son los que más llegan o me han servido para comprender el camino que voy llevando.
Es un llamado a no quedarse en la ignorancia, en la comodidad, sino que hacer frente a la opción personal que se me donó en el bautismo y que reafirmé en el sacramento de la confirmación: “ser de Cristo” como repetía incansablemente San Pablo.
Reflexión en torno a “El Dios del misterio y la Oración”,
una de las Obras espirituales de Kallistos Ware, Obispo Ortodoxo de Diokleia.















