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La Obra de San Lucas*

Publicado en Biblia, Iglesia Católica, Sinópticos el 13 Junio, 2007 por Hdy

* Basado en el Texto: Introducción a los Evangelios Sinópticos y Hechos de los Apóstoles”, Apuntes de clase de Eduardo Pérez-Cotapos Larraín, 1996

El Evangelio de Lucas y el libro de Hechos de los Apóstoles constituyen una úni­ca obra. Ambas constituyen un único e importante proyecto teo­ló­gico; y la identidad del destinatario de am­­bos, Teófilo, reafirma este hecho. 
Que el Evangelio tenga una especie de con­ti­nua­ción en Hechos es algo que debemos tener presente desde un comienzo. Al escribir el libro de los Hechos Lucas deja entrever que su Evan­ge­­lio debe ser entendido como parte de una obra histórica. Éste es un rasgo de­ter­mi­nante de su obra a la vez que una novedad absoluta. Para Lucas los Hechos son una suerte de necesario com­plemen­to del Evangelio, ya que su obra está orien­tada en una línea misionera, que encuentra su realización con­cre­ta en Hechos.

Lucas puede ser visto como un humanista que quiere efectuar una obra his­tó­ri­ca, aunque él no era historiador. A esto se su­ma el hecho de que las fuen­tes escritas de las cuales dispuso para componer su his­to­ria no eran fuen­tes propiamente his­tó­ricas, sino textos Kerygmáticos (Mc y Q). Partiendo de estos relatos, Lu­cas quiere construir una cierta histo­ria de Je­sús. Este propósito sólo puede lo­grar­­lo historizando los relatos. Es decir, pre­sen­tando unidades de predicación como acon­te­ci­mien­tos del pasado. Para ello sitúa cui­dadosamente a Jesús en las coordenadas de la historia civil (Lc 2,1; 3,1).

Den­tro de este contexto básico de ca­rác­ter histori­zan­te Lucas cali­fi­ca los he­chos del pasado como cumplimiento de un de­sig­nio de salvación de Dios. Su relato está fuer­te­mente marcado por la fe. Lucas no anhela ser el historiador de un determinado grupo humano, sino el testigo de fe que da cuenta de que Dios ha intervenido sal­vadoramente en la historia del mundo por medio de la persona de Jesús de Nazaret, y que a par­tir de Él la salvación se ha ofrecido al mundo entero.
Lo afirmado sobre el interés histórico de Lucas es válido tanto pa­ra el Evan­ge­lio como pa­ra Hechos. Este último, bajo una más formal apariencia de his­toria es, en rea­lidad, una expo­si­ción destinada a la edificación de los cris­tia­nos y a la difusión de la fe entre los gentiles. De aquí que el orden de es­tos textos, en definitiva, no sea un orden fun­damentalmente cronológico sino ca­te­qué­tico.
Un indicador de este carácter historizador de la obra de Lu­cas está en la «desescatologización» característica de su obra. Se ha per­di­do la ten­sión por el Reino. Éste no se encuentra a las puertas, inminente, sino en un lejano fu­turo. Por lo mismo, en el tiempo in­termedio queda un espacio pa­ra la Iglesia. En la obra de Lucas la historia de Jesús aparece por pri­mera vez ex­pues­ta como algo ple­na­men­te perteneciente al pasado. El futuro también se ha ale­ja­do, la espera inmediata de la parusía se ha abandonado. Queda, ahora, un tiem­po para la Iglesia. El tema cen­tral de la obra de Lucas será el preguntarse por el qué debe hacer la Iglesia en este tiem­po intermedio. Justamente en es­te mo­men­to Lucas llama a mirar la historia, a buscar en ella la solidez de lo recibido y a encararla como tarea para el presente desde la exi­gencia del tes­timo­nio y la ex­periencia del Espíritu.