* Basado en el Texto: Introducción a los Evangelios Sinópticos y Hechos de los Apóstoles”, Apuntes de clase de Eduardo Pérez-Cotapos Larraín, 1996
El Evangelio de Lucas y el libro de Hechos de los Apóstoles constituyen una única obra. Ambas constituyen un único e importante proyecto teológico; y la identidad del destinatario de ambos, Teófilo, reafirma este hecho.
Que el Evangelio tenga una especie de continuación en Hechos es algo que debemos tener presente desde un comienzo. Al escribir el libro de los Hechos Lucas deja entrever que su Evangelio debe ser entendido como parte de una obra histórica. Éste es un rasgo determinante de su obra a la vez que una novedad absoluta. Para Lucas los Hechos son una suerte de necesario complemento del Evangelio, ya que su obra está orientada en una línea misionera, que encuentra su realización concreta en Hechos.
Lucas puede ser visto como un humanista que quiere efectuar una obra histórica, aunque él no era historiador. A esto se suma el hecho de que las fuentes escritas de las cuales dispuso para componer su historia no eran fuentes propiamente históricas, sino textos Kerygmáticos (Mc y Q). Partiendo de estos relatos, Lucas quiere construir una cierta historia de Jesús. Este propósito sólo puede lograrlo historizando los relatos. Es decir, presentando unidades de predicación como acontecimientos del pasado. Para ello sitúa cuidadosamente a Jesús en las coordenadas de la historia civil (Lc 2,1; 3,1).
Dentro de este contexto básico de carácter historizante Lucas califica los hechos del pasado como cumplimiento de un designio de salvación de Dios. Su relato está fuertemente marcado por la fe. Lucas no anhela ser el historiador de un determinado grupo humano, sino el testigo de fe que da cuenta de que Dios ha intervenido salvadoramente en la historia del mundo por medio de la persona de Jesús de Nazaret, y que a partir de Él la salvación se ha ofrecido al mundo entero.
Lo afirmado sobre el interés histórico de Lucas es válido tanto para el Evangelio como para Hechos. Este último, bajo una más formal apariencia de historia es, en realidad, una exposición destinada a la edificación de los cristianos y a la difusión de la fe entre los gentiles. De aquí que el orden de estos textos, en definitiva, no sea un orden fundamentalmente cronológico sino catequético.
Un indicador de este carácter historizador de la obra de Lucas está en la «desescatologización» característica de su obra. Se ha perdido la tensión por el Reino. Éste no se encuentra a las puertas, inminente, sino en un lejano futuro. Por lo mismo, en el tiempo intermedio queda un espacio para la Iglesia. En la obra de Lucas la historia de Jesús aparece por primera vez expuesta como algo plenamente perteneciente al pasado. El futuro también se ha alejado, la espera inmediata de la parusía se ha abandonado. Queda, ahora, un tiempo para la Iglesia. El tema central de la obra de Lucas será el preguntarse por el qué debe hacer la Iglesia en este tiempo intermedio. Justamente en este momento Lucas llama a mirar la historia, a buscar en ella la solidez de lo recibido y a encararla como tarea para el presente desde la exigencia del testimonio y la experiencia del Espíritu.















