Recibí el otro día un mail con “Asunto: Carta pública sobre el Día Mundial de Oración por la Ordenación de la Mujer (25 marzo)”, inmediatamente pensé que sería un correo SPAM, pero al ver que venía enviado por un compañero de la Facultad (Teología) lo abrí.
Debo admitir que no soy muy amante del tema, pero independiente de eso trato de ponerme frente a la situación haciendo un análisis de los argumentos presentados.
Volviendo al asunto. El mail contenía una carta redactada por el “Women’s Ordination Conference” dirigida al Papa Benedicto XVI, en la cual le pide que considere la integración de la mujer al Sacramento del Orden (que incluye Diaconado, Presbiterado y Episcopado).
Pese a no parecerme una organización muy masiva (como para alertarse), creo que cometen los mismos errores de concepto en su argumentación que muchas, si no todas, las mujeres y feministas que insisten y luchan por el sacerdocio femenino.
La Igualdad
Lamentablemente este es un argumento que tiende a mal entenderse y contradecirse. Primero se parte señalando que todos somos iguales, pero luego apuntan fuertemente a la tolerancia de la diversidad, a la distinción de sexos, y a la comprensión de una sociedad pluralista.
Con todo esto ¿a qué tipo de igualdad hacen referencia? Me imagino que afirman que todos los seres humanos tenemos en común la dignidad y el derecho al respeto y cuidado de nuestra vida como don sagrado, lo que en materia práctica implica una igualdad laboral y salarial, igualdad de derecho y oportunidad; porque fuera de eso puedo aseverar que la “igualdad de personas” no existe, ninguno es igual a otro. Somos únicos e irrepetibles, porque somos originales en nuestras vivencias y en nuestra constitución biológica, física y molecular (si se quiere decir), y que quede claro que no me limito a lo sexual, y aun cuando, en sociedades tan cercanas como las nuestras se den colectivos (objetivos, metas, sueños, etc.), eso no significa que dejemos de ser “únicos”.
Si la diversidad es maravillosa, y nos hace sujetos portadores de una potencia creativa/creadora única ¿por qué querer hacer lo mismo? ¿imitar cuando se puede ser original?
En Teología (e imagino que también en otras áreas), algunos autores (especialmente mujeres) en ciertos temas hacen distinción de miradas “desde lo femenino” o “desde lo masculino”. Ellas respetan y valoran la diferencia que hay entre lo femenino y lo masculino: ser papá o ser mamá es distinto, pero ser sacerdote o sacerdotisa es igual.
Esto es porque asumen el sacerdocio como un trabajo y no una vocación. Por ejemplo: ser padres, como trabajo ambos pueden HACER lo mismo e intercambiarse, pero como vocación nunca podrán SER igual. Esto nos lleva al 2do problema de concepto:
La Vocación
Se asume como un trabajo y no un llamado. Como un hacer y no un constitutivo del ser, pero lamentablemente al asociarlo al trabajo inevitablemente se vincula al tema del “poder”: Yo puedo.
Estuve leyendo esa y otras páginas de personas que defienden la Ordenación de la mujer, y todos los argumentos son iguales: “Nosotras también podemos” o “Total e igual participación de la mujer”. Otro argumento que apareció fue: “Hay una severa disminución mundial de sacerdotes”… como diciendo: hay pocos, hagamos más. Esta actitud denota un sacerdocio no como llamado de Dios, sino como iniciativa personal que prescinde de aquel “llamado”.
En síntesis, hay un sentimiento de exclusión que exige una “falsa” igualdad. La invitación -que creo es bastante positiva- es a trabajar en la construcción de un mundo más fascinante, más creativo, buscando nuevas formas de evangelización a partir de la riqueza que a cada uno se nos ha dado.
En alguna parte de esta página que visité, decía: “El trabajo del sacerdote es servir al pueblo de Dios, y no tiene relación con el género, estado civil ni condición sexual”, claramente no hay que ser sacerdote para servir a Dios, yo como hija, hermana, amiga, estudiante, trabajadora, o madre, puedo trabajar por el Reino de Dios y por una sociedad más justa. El sacerdocio es sólo uno de los caminos que el Señor nos regala para ser felices.
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