Día Mundial de Oración por la Ordenación de la Mujer

24 03 2007

Recibí el otro día un mail con “Asunto: Carta pública sobre el Día Mundial de Oración por la Ordenación de la Mujer (25 marzo)”, inmediatamente pensé que sería un correo SPAM, pero al ver que venía enviado por un compañero de la Facultad (Teología) lo abrí.

Debo admitir que no soy muy amante del tema, pero independiente de eso trato de ponerme frente a la situación haciendo un análisis de los argumentos presentados.

Volviendo al asunto. El mail contenía una carta redactada por el “Women’s Ordination Conference” dirigida al Papa Benedicto XVI, en la cual le pide que considere la integración de la mujer al Sacramento del Orden (que incluye Diaconado, Presbiterado y Episcopado).

Pese a no parecerme una organización muy masiva (como para alertarse), creo que cometen los mismos errores de concepto en su argumentación que muchas, si no todas, las mujeres y feministas que insisten y luchan por el sacerdocio femenino.

La Igualdad
Lamentablemente este es un argumento que tiende a mal entenderse y contradecirse. Primero se parte señalando que todos somos iguales, pero luego apuntan fuertemente a la tolerancia de la diversidad, a la distinción de sexos, y a la comprensión de una sociedad pluralista.

Con todo esto ¿a qué tipo de igualdad hacen referencia? Me imagino que afirman que todos los seres humanos tenemos en común la dignidad y el derecho al respeto y cuidado de nuestra vida como don sagrado, lo que en materia práctica implica una igualdad laboral y salarial, igualdad de derecho y oportunidad; porque fuera de eso puedo aseverar que la “igualdad de personas” no existe, ninguno es igual a otro. Somos únicos e irrepetibles, porque somos originales en nuestras vivencias y en nuestra constitución biológica, física y molecular (si se quiere decir), y que quede claro que no me limito a lo sexual, y aun cuando, en sociedades tan cercanas como las nuestras se den colectivos (objetivos, metas, sueños, etc.), eso no significa que dejemos de ser “únicos”.

Si la diversidad es maravillosa, y nos hace sujetos portadores de una potencia creativa/creadora única ¿por qué querer hacer lo mismo? ¿imitar cuando se puede ser original?

En Teología (e imagino que también en otras áreas), algunos autores (especialmente mujeres) en ciertos temas hacen distinción de miradas “desde lo femenino” o “desde lo masculino”. Ellas respetan y valoran la diferencia que hay entre lo femenino y lo masculino: ser papá o ser mamá es distinto, pero ser sacerdote o sacerdotisa es igual.

Esto es porque asumen el sacerdocio como un trabajo y no una vocación. Por ejemplo: ser padres, como trabajo ambos pueden HACER lo mismo e intercambiarse, pero como vocación nunca podrán SER igual. Esto nos lleva al 2do problema de concepto:

La Vocación
Se asume como un trabajo y no un llamado. Como un hacer y no un constitutivo del ser, pero lamentablemente al asociarlo al trabajo inevitablemente se vincula al tema del “poder”: Yo puedo.

Estuve leyendo esa y otras páginas de personas que defienden la Ordenación de la mujer, y todos los argumentos son iguales: “Nosotras también podemos” o “Total e igual participación de la mujer”. Otro argumento que apareció fue: “Hay una severa disminución mundial de sacerdotes”… como diciendo: hay pocos, hagamos más. Esta actitud denota un sacerdocio no como llamado de Dios, sino como iniciativa personal que prescinde de aquel “llamado”.

En síntesis, hay un sentimiento de exclusión que exige una “falsa” igualdad. La invitación -que creo es bastante positiva- es a trabajar en la construcción de un mundo más fascinante, más creativo, buscando nuevas formas de evangelización a partir de la riqueza que a cada uno se nos ha dado.

En alguna parte de esta página que visité, decía: “El trabajo del sacerdote es servir al pueblo de Dios, y no tiene relación con el género, estado civil ni condición sexual”, claramente no hay que ser sacerdote para servir a Dios, yo como hija, hermana, amiga, estudiante, trabajadora, o madre, puedo trabajar por el Reino de Dios y por una sociedad más justa. El sacerdocio es sólo uno de los caminos que el Señor nos regala para ser felices.


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5 respuestas

3 04 2007
Francisco

Q wen artículo!
Aunque declaro que me hubiera gustado saber que opinas tú sobre el tema de q existan sacerdotizas, y mejor aun… estarías dispuesta, te sientes llamada?, seguramente dificilmente te puedes sentir llamada a algo q no conoces, entonces la vocación no es algo solo propio del ser, sino tambien del conocer

Fco DLB

4 04 2007
Haddy

Primero que todo: Gracias Pancho por haberte tomado el tiempo de leer el post. Mi opinión frente a esto es todo lo expuesto anteriormente:
el sacerdocio no es un trabajo más, sino una vocación maravillosa de la cual todos participamos (mediante el sacerdocio común dado por el bautismo) aunque parezca “cliché”.
Parte de la santidad consiste en descubrir el plan de Dios en tu vida y abrazar ese proyecto con la misma intensidad con que abrazamos la propia cruz: amándola y no cuestionándola, dejando de lado el “por qué” para asombrarnos en el “para qué”: simplemente descubrir EN CRISTO el sentido de la existencia.

Creo que aspirar a la vida sacerdotal por cualquier otro motivo que no sea el del llamado de Dios al servicio de los hermanos en la caridad y en humildad, pierde validez. No puedo obviar el hecho de que es Jesús quien me elige y no al revés. Mi libertad consiste en aceptar o no, esto para lo cual Dios me llama.

Muy personalmente, no me gusta el “hacer” sacerdotizas, creo que tal iniciativa no responde a una vocación verdadera, sino a una lucha de poder que se mantiene entre hombres y mujeres desde tiempos antiguos, que se reduce a quién puede o es capaz de más, como si la vocación dependiera de uno mismo y de las propias capacidades… confirma esto el testimonio de los apóstoles: si hubiese dependido de ellos, probablemente hubiesen muerto pescadores o campesinos, ya que ninguno (en especial Pedro) se sentía capaz de predicar a Cristo. Sólo después de recibir la fuerza del Espíritu Santo pudieron salir a dar testimonio.

Si me preguntas, fuera de todas las bromas que hacemos al respecto, yo no me siento “llamada al sacerdocio (ministerial)”, y por lo tanto, estar dispuesta a ello, nuevamente es negar el origen (divino) de mi vocación.

Un último comentario: la carrera o la profesión que uno elige requiere de un conocimiento, por lo menos parcial, de lo que se está optando, mientras que la vocación no solo necesita de eso, sino además, y más aún: necesita del salto de fe. Créeme, ningún santo conocía o sabía con claridad en lo que se estaba metiendo al aceptar la voluntad de Dios. Ni María Inmaculada conocía qué significaba realmente lo que el Angel le decía, pero simplemente confió.

Lo que sí creo necesario, es que dentro de la Iglesia Católica existan más espacios y oportunidades para que los laicos verdaderamente comprometidos puedan trabajar, y por qué no, encargarse de alguna Comisión (Pontificia o no). Probablemente así habrían más sacerdotes para avivar la vida espiritual y litúrgica de la Iglesia, y por supuesto: más Pastores para el rebaño.

Un abrazo grande, y seguimos en comunión.

12 04 2007
Shesho!!

Hola Haddy!
Personalmente, creo que hay una vocación por persona, pero modos de llevar a cabo esa vocación, muchas. La vocación viene de Dios, pero el modo de realizarlo es un tema cultural (similar al “conocer” que habla Pancho). El hecho que existan sacerdotes y no sacerdotisas dentro de la Iglesia Católica, para mí es un tema cultural (la llamada Tradición). Una mujer católica que se sienta llamada a algo similar al sacerdocio puede hoy intentar hacer calzar su llamado con las opciones que la cultura actual le ofrece (y es bueno recordar que otras iglesias cristianas sí permiten el ministerio femenino).

Si hoy en día no existe para la mujer un espacio para el ministerio sacerdotal dentro de la Iglesia Católica, para mí es sólo un asunto cultural.

Esto no debería constituir obstáculo para quien quiere ser feliz en su vida (porque Dios regala siempre la tarea por hacer y las herramientas para hacerlo), pero tampoco debería ser obstáculo para la Iglesia Católica, cuando la evolución de su cultura lo vea posible, darse cuenta que, por el mismo hecho de ser distintos, los modos del hombre y de la mujer de ejercer el mismo llamado serán también distintos.

Por lo tanto, ¿para qué preocuparse por “crear” tareas distintas para cada uno? Ya que Diosito mismo se encarga de hacernos distintos, ¿por qué no simplemente dejar que cada cual imprima su sello personal, confiando en que esto, por sí solo, hará a cada cargo distinto, único e irrepetible, como distintas, únicas e irrepetibles son todas las vocaciones?

Muchos saludos Haddy y felicitaciones por tu blog!
Shesho!!

13 04 2007
Haddy

Hola Shesho!
Gracias por darte el tiempo de leer el blog y por tu aporte. Sin dudas que el influjo de la cultura es determinante para el orden y desarrollo de cualquier tipo de sociedad (porque ya no pudemos hablar de “la” sociedad), y la Iglesia Católica no ha salido exenta del determinante cultural.
Esta es la Maravilla del Amor, la hermosura de la Creación:
Todos diversos -Todos necesarios – Todos Uno en Dios.
Gracias, y Feliz Pascua!

28 06 2007
dioselina

conocer a dios es lo mas importante en mi vida, mis padres desde pequeña me inculcaron la vida cristiana

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