María, la toda santa, la Inmaculada.

8 12 2006

Feliz Dia de la Inmaculada

Siempre he tenido un particular afecto a la Virgen Santa, y con el tiempo, aprendiendo a amarla y a conocer su papel en el plan de salvación, he podido descubrir cómo muchas veces este rol es mal comprendido, y erróneamente asumido en la fe católica. Se tiende a idealizar y deificar a la persona de María, poniéndola en circunstancias por sobre la persona de Cristo.

“A Cristo por María” esta debería ser nuestra consigna para encontrarnos con nuestra Madre, hallar en Ella un lugar de encuentro, y valorar su mediación maternal ante la presencia divina y eterna de Dios. Pero varias veces me han preguntado: ¿Por qué Ella es tan especial? ¿Qué tiene de distinto a las demás creaturas? ¿Qué la hace ser tan grande para los cristianos?… y para mi, la respuesta es que la grandeza de nuestra Madre no está en lo que tiene, sino en lo que no tiene. Ella es única entre nosotros, porque no lleva en sí el pecado Original, no tiene la marca de Adán sino la marca de la Gracia nacida del estado primigenio desde antes de la Creación, que deviene de la bondad pura de Dios manifestado en su Amor más pleno. La ausencia de corrupción, concupiscencia y pecado, constituyen su ser lleno de gracia, perfecto en Dios.

Maravilloso es descubrir, que María y la Gracia van íntimamente unidas, unánime afirmación de la Triple fuente de Revelación, todas testimonian “que la Santísima Virgen, toda hermosa e Inmaculada trituró la venenosa cabeza de la cruelísima serpiente, y trajo la salud al mundo”.

“Escuchen estas nuestras palabras todos nuestros queridísimos hijos de la católica Iglesia, y continúen, con fervor cada vez más encendido de piedad, religión y amor, venerando, invocando, orando a la santísima Madre de Dios, la Virgen María, concebida sin mancha de pecado original, y acudan con toda confianza a esta dulcísima Madre de misericordia y gra­cia en todos los peligros, angustias, necesidades, y en todas las situaciones oscuras y tremendas de la vida. Pues nada se ha de temer, de nada hay que desesperar, si ella nos guía, patrocina, favorece, protege, pues tiene para con nosotros un corazón maternal, y ocupada en los negocios de nuestra salvación, se preocupa de todo el linaje humano, constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y colocada por encima de todos los coros de los ángeles y coros de los santos, situada a la derecha de su unigénito Hijo nuestro Señor Jesucristo, alcanza con sus valiosísimos ruegos maternales y encuentra lo que busca, y no puede, quedar decepcionada.” (Bula Inaffabilis Deus)

En este tiempo he podido reflexionar mejor el papel de María frente a la humanidad. Me trajo luces de esperanza al descubrir la grandeza de la Creación, y la perfección de la mente de Dios, que no se reservó don alguno para sí, sino que compartió con toda la humanidad la plenitud de su Amor y Misericordia. Él en conjunto con el hombre, cúlmen de su Obra, es capaz de realizar prodigios impensables.

La imagen de María Inmaculada como prototipo de la primera creación, es aliento para la humanidad, y testimonio vivo de que todo es posible para Dios. Sólo se necesita abrirse sin miedo a la gracia, para recibir del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, los dones que nos llevarán al redescubrimiento de nuestra condición original. Desde allí, nunca más nos reprocharemos ser “menos que Dios”, porque entenderemos que lo único importante es ser en Dios.


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